La lipoescultura es un procedimiento en el cual se trasplantan células vivas del tejido adiposo del abdomen, los muslos u otras zonas, a la cara, con el fin de rellenar aquellas áreas en las que falta volumen de manera natural o por el paso del tiempo.

Puesto que son células vivas, después del trasplante los adipocitos necesitan recuperar el aporte de sangre, nutrientes y oxígeno para desarrollarse con normalidad, y por desgracia no todas lo consiguen y no sobreviven a la maniobra quirúrgica. Según diversos estudios hasta un 20-50% del material trasplantado en una lipoescultura puede llegar a reabsorberse. A medida que se refinan las técnicas de liposucción con cánulas finas y de infiltración en la cara de la manera más delicada posible las tasas de reabsorción descienden y los resultados son más consistentes. Las células que sobreviven a los primeros días del postoperatorio lo harán para siempre.

Teniendo en cuenta que al principio la cara se verá algo hinchada por la inflamación, debemos esperar un tiempo para ver el resultado definitivo, que se alcanza alrededor de los 4-5 meses. Como sabemos que habrá reabsorción parcial, durante la cirugía siempre se injerta más grasa de la realmente necesaria para que al final el resultado sea satisfactorio y definitivo. La lipoescultura ha cambiado para siempre la forma de enfocar el rejuvenecimiento facial, y es un arma poderosa para alcanzar resultados naturales.