La rinoplastia es la cirugía que modifica los contornos de la nariz para hacerla más armónica con el resto de la cara. Los defectos más habituales que encontramos son las narices excesivamente grandes, con caballete o torcidas. También es muy frecuente que la punta de la nariz mire hacia abajo (conocido como ptosis de la punta). La punta caída es muy antiestética y evoca vejez, ya que a medida que envejecemos los tejidos que la soportan en su posición pierden fortaleza y la debilidad generalizada hace que esta caiga, pareciendo la nariz cada vez más larga. Por tanto, en la mayoría de riniplastias vamos a intentar elevar la punta nasal y estabilizarla para que aguante el paso del tiempo. El grado de rotación, que es como se conoce al efecto de variar el ángulo entre el labio y la nariz durante una rinoplastia, se puede controlar muy bien con diversas técnicas que incluyen suturas e injertos, y un cirujano experto sabe determinar cuales son las mejores en cada caso para alcanzar la rotación adecuada. En las mujeres un ángulo de unos 105º suele ser el más atractivo, mientras que en los hombres tiende más a los 90º. En cualquier caso esto debe ser individualizado para cada paciente y cada nariz.

En conclusión, después de una rinoplastia la nariz no debería quedar respingona o excesivamente rotada.

Pre y post de rinoplastia con aspecto natural